sábado, 5 de enero de 2013

PRINCESA CRISTINA TRIVULZIO DI BELGIOJOSO

Nacida en 1808, huérfana de padre aún siendo niña, se aproxima a las ideas liberales de su padrino, el marqués Alessandro Visconti de Aragón. Cristina Trivulzio di Belgiojoso es una mujer desobediente, libre de pensamiento y costumbres, que no se esfuerza por adecuar su comportamiento a lo que se espera de ella en la alta sociedad. Se enamora de Emilio Barbiano di Belgiojoso, un príncipe pobre y apuesto, patriota y conspirador y en 1824, liberada de la tutela paterna, se casa con él. Cansada de las aventuras amorosas de su marido, pide la separación y concede una fuerte suma de dinero para que su marido la acepte, aunque sigue uniéndolos con gran solidez la esperanza política de una Italia unida y libre del yugo austríaco. Es acusada de conspirar contra Viena, por lo que en 1831 se refugia en París. Austria decreta el bloqueo de sus bienes en Lombardía y cuando recupera parte de su patrimonio, abre en París una casa que se convierte en salón de intelectuales europeos. Intelectual que estudia a Fourier y a Saint Simon y publica precisos y lúcidos apuntes sobre la realidad social de Lombardía. En 1838 da a luz a su hija Marie y logra con dificultades que su marido la reconozca como propia. En Locate Trivulzio, feudo de su familia, abre un asilo infantil en su castillo. Es un gesto revolucionario porque en aquella época, los asilos no tenían el beneplácito de la Iglesia ni de quienes veían en ello una amenaza contra el orden establecido. En una carta fechada en 1841, escribe "los niños de mi país se encuentran en la más mísera de las condiciones humanas... habituados a la adversidad, a comer porquerías y a robarse la comida unos a otros". 

En 1848 alquila un barco, lo abastece y con más doscientos voluntarios desde Nápoles se dirige a Génova, para desde allí partir hacia Milán, donde se habían levantado barricadas contra el opresor austríaco. Es aclamada por la multitud cuando hace su aparición en el balcón del palacio Marino luciendo en el pecho una escarapela tricolor, símbolo de la Italia unida. Un año después, 1849, está en Roma ocupada en defender la República, forma un triunvirato con otras dos mujeres, Margaret Fuller Ossoli y Enrichetta Pisacane, que se encarga d ela supervisión de los hospitales, recibiendo la ayuda de muchas otras mujeres, entre las cuales hay varias prostitutas, razón por la cual la Curia romana la acusa entre otros cargos de tener sentimientos antirreligiosos y se ve obligada a huir. En 1850 con su hija Marie llega a Constantinopla. Se adentra en el desierto y tras doce días de camino descubre un hermosos valle, Ciaq Maq Oglú, cerca de la actual Ankara, que adquiere y transforma en una cooperativa agrícola. En 1851, un año después, atraviesa a caballo toda Asia Menor, llega a Siria y se dirige a Palestina y en 1852  alcanza Jerusalem.  En 1855, regresa a Francia con su cuerpo llevando las cicatrices de las puñaladas de un loco y la amargura del fracaso de su empresa agrícola de la que esperaba que fuese una fuente bienestar para la población local y para su hija Marie.       Los propios campesinos a quienes ella quería instruir la consideraban una mujer de buenas intenciones pero extraña, puesto que para ellos una mujer que vivía sola, sin un hombre al lado, que hablaba lenguas extranjeras pero se dirigía a ellos en su propio dialecto, que sabía curar a sus hijos y a sus mujeres, debía de tener "algo de bruja".  En 1856, regresa a Lombardía, tiene entonces 47 años pero su ánimo está cansado, vive con su hija que se ha casado con el marqués Lodovico Trotti y con sus nietas en una villa con vistas al lago de Como. Sin ser ya la ardiente y escandalosa revolucionaria, sigue estudiando hasta el final de sus días y sigue dando algunas muestras de impetuosidad, por ejemplo, en 1866, firma un ensayo titulado "De la presente condición de  las mujeres y de su porvenir", una obra que parece redactada por una feminista norteamericana un siglo después. Escribe: La condición de la mujer, exceptuando en la juventud, no es tolerable. Los hombres que deciden su suerte solo se interesan por las mujeres jóvenes. Cuando la mujer ya no proporciona al hombre ni placer ni entretenimiento, ¿por qué preocuparse por ella? Que las mujeres felices y estimadas del futuro se paren a pensar en el dolor y la humillación de quienes las precedieron en vida y recuerden con un poco de gratitud los nombres de cuantas han allanado y preparadoel camino de una felicidad nunca experimentada antes pero sí quizá soñada". Lúcido retrato de las condiciones de una época pronta a confundir a una intelectual con una cortesana, denostada por hombres instruidos y por mujeres envidiosas de su libertad.

Extracto de libro Las escandalosas, autora Patrizia Carrano.     


1 comentario:

  1. Qué mujer maravillosa, fruto y semillas del más avanzado humanismo del siglo 19, a quien los machistas atrasados italianos y europeos se encargaron de negar su protagonismo intelectual y revolucionario por la unidad italiana por la democracia liberal democrática, cuando varios países querían devorarla en pedazos, como Austria, la propia Francia, Alemania y otras monarquías.

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